lunes, 30 de abril de 2012

David-Daniel.


Esas palabras hieren como cristales rompiéndose, deshaciéndose en mi corazón,
me levanto sin mirar atrás, sintiendo el calor del fuego, que arde en esa ironía que llaman amistad.
No busques mi amistad si eres igual que los que arden tras de mí, porque recorrerás el mismo camino.
Si hay algo que no perdono, son esas palabras que hacen llorar mi corazón, con lágrimas de sangre

Mi David,  (Deivid),
Mi Daniel,
Aun viven en mi corazón, donde guardo los recuerdos que no quiero olvidar.


Paso el  tiempo, pero aun son mis maestros, que nunca dijeron adiós,
Me enseñaron mucho más de lo que puedes imaginar y que nunca lograras entender.
Ellos me enseñaron que si no te amas a ti mismo ni te respetas, ¿cómo pretendes hacer que lo hagan los demás?
Cómo puedes tirar la primera piedra, si no eres ni fiel contigo misma.

Y cuando están a solas, se aman, se dicen “te amo” sólo mirándose a los ojos y sólo ven ese amor verdadero, que  tanto ansías, pero nunca tendrás.
No es pecar amar como siente el corazón, si ese amor es tan noble como tu corazón


Mi David.  (Deivid).
Mi Daniel.
Aun viven en mi corazón, donde guardo los recuerdos que no quiero olvidar.

viernes, 20 de abril de 2012

Princesas


He rescatado esta letra, de hace unos años, para dedicarla a mis amigas, a las mujeres fuertes que saben vivir en su palacio


“Estoy en mi palacio, y veo como te acercas,
Como una serpiente que no quiere que le roben la manzana del Jardín del Edén.
No quieres entender que solo me pertenezco a mí misma.
Mírate, estas aquí como un idiota, buscando el perdón que nunca tendrás.
Fuiste tú, quien dijo adiós, él que sin explicaciones, se fue cerrando la puerta.
La misma puerta que ahora quieres abrir.
Te fuiste diciendo adiós, porque ahora esperas que te diga: “Hola”,
Y que te deje entrar en mi vida, otra vez.
Escúchame bien, ahora soy una mujer fuerte, que no necesita abrir la puerta del pasado,
Pasado eres y pasado te quedaras.
Te dejo hablar para escuchar tus estúpidas palabras,
Solo quiero que entiendas que es la última vez, que me ves, y que te escucharé (te jodes)
No sé porque lo hago,
Solo se, que no necesito confiar con alguien tan imbécil y falso como tú.
Solo me necesito a mí, tengo mi autoestima  a mi lado y me amo tal y como soy,
No necesito nada más.
Ahora soy una mujer fuerte, que vive en su palacio y por mucho que lo intentes no romperás mis defensas ni mi corazón sentirá piedad por ti.
No me hagas reír, tu amor nunca puede superar al mío.
Tus palabras son tan vacías, que dice más el silencio que te rodea, quieres el perdón para volver a decirme adiós.
(Para las princesas que saben que sus palacios son ellas mismas)
Pareces ignorar, que cuando alguien te hiere, no te quiere,
Cuando tu sangre recorre tu cuerpo ¿Crees que te quieren?
Soy una mujer, soy una princesa, que se ama tal y como es, y que sabe que un dia llegara un amor que la ame de verdad,
Que no me engañe, como tú,
Que su silencio me diga cuando me ama y sus palabras no sean vacías,
Ahora vete de una vez, pues tu eres pasado y yo presente, recuerda pasado eres, pasado te quedaras.
Aun así  aun crees que soy débil,
Te enseñaron mal, nunca me des la espalda,
Soy paciente y si me la haces me la pagaras, llegara un día, que sea tu sangre la que corra por la calle del destino.
Cuando te hieren, no te quieren, cuando tu sangre recorre tu cuerpo ¿crees que te quieren?
Soy paciente y tú me la debes.”

domingo, 8 de abril de 2012

Noche de tormenta (continuación)


Dejo la continuación de Noche de tormenta, espero que os guste.

Entonces lo entendió, ese poder que estaba naciendo oscuro en su interior, era mitad de ella y mitad de…
Tenia que proteger a su marido.
No entendía como una taza vieja que hacía de salero, se había caído sin que nadie la tocara y al instante la taza había vuelto a su lugar y cada grano de sal volviera a su interior, sin que nadie hiciera nada.
Entonces lo vio, Cogió fuerte el brazo de su pareja, mientras lo observaba.
No era la primera vez que lo veía, y cada vez que lo hacia, solo le limitaba a proteger a su marido de ese ser fantasmal diabólico que vivía tan cerca de aquella familia con la que estaba obligada a cenar a veces, siempre tan ignorante.
Encendieron las velas y todos volvieron a la mesa, actuando como si no hubiera pasado nada y todo lo que había pasado, fuera una broma.
Ella vigilaba ese ser, era capaz de enviarlo al otro lado, pero no le interesaba hacerlo, había conocido mucha gente que lo había hecho, pero a veces quedaban residuos malignos que hacían enloquecer a la gente.
Ese ser estaba nervioso, miraba mucho hacia la ventana que había justo tras él, como si tuviera miedo de algo que había al otro lado.
Todo pasó en segundos, vio a la parca acercarse a la ventana, el ser, atado a uno de los presentes, descubrió finalmente a la parca, y abandonó la sala de repente, provocando con ello la muerte de la persona a la que estaba ligado.
Ella cogió a su marido haciéndolo caer las dos sillas hacia atrás, mientras un viento muy fuerte rompía la ventana, helando toda la sala. Las velas se apagaron al instante, se oían ruidos raros en la casa, su marido intentó protegerla, pero entonces sintió algo, y huyeron los dos de allí sin mirar atrás.
Después de unos meses el feliz padre protegía a su esposa y a su hija, las dos tan especiales, y él tan loco por ellas.
Cuando se enteró de que las escaleras mecánicas del hospital se habían estropeado haciendo algo raro, y que su familia había resultado herida en el suceso.
No fue a verles, volvió a entrar en la habitación, la madre dormía, pero la niña, sólo un bebé, le dedicó una sonrisa cómplice como  la de su madre, cuando hacia alguna de las suyas.
Él sonrió, la misma niña que le dijo “Hola papá” esa noche ahora volvía a las suyas.