lunes, 26 de diciembre de 2011

Tú eres my baby.


Por la mañana te veo con tu portátil. A veces  siquiera hay un beso de buenos días,  y no negaré que a veces quiero ser ese portátil, podría así pasar todo el día junto a ti mientras siento la caricia de tus dedos, recorriendo sin cesar todo mi cuerpo. Entonces sonrió y recuerdo por qué me enamore de ti: porque te amo cada instante que tus dedos juegan con las teclas.
Mientras, empiezan los rumores de la gente que no tiene nada mejor que hacer. Dicen que estamos a punto romper, que la distancia y tu adición al mundo virtual está rompiendo lo nuestro.
Y yo les digo:
No hay nada que me separe de ti, no hay nada que haga que te deje mi amor, no hay nada que pueda romper lo que siento por ti, porque tú eres mi chico y no se vivir sin ti. No sin tu amor, porque eres mi chico.
Llegas de madruga, vas a la cama directamente y te pones a mi lado. Abres tu portátil y de nuevo te pierdes en tu mundo. Entonces sonrió maliciosamente mientras abro mi portátil y me conecto a ti, giras lentamente la cabeza y me miras, recordando por qué nos amamos. Los dos portátiles caen, nosotros nos perdemos enredados entre las sabanas de nuestro amor.
Y por la mañana volveremos juntos de la mano a ver ese chico que ya nos conoce, saldremos cada uno con su portátil mientras sonreímos, porque nos amamos tal y como somos.
No hay nada que me separe de ti, no hay nada que haga que te deje mi amor, no hay nada que pueda romper lo que siento por ti, porque tú eres mi chico y no se vivir sin ti. No sin tu amor, porque eres mi chico.
Solo se aprender a amar como eres y no sé vivir sin ti, no sé qué hacer sin tu amor, porque tú eres mi vida, la sangre que corre por mis venas, al son de mi corazón.
Y sé que seguiré amándote, y sé que no hay nada que puede separarme de mi amor, de mi chico. Lo sé porque tú eres mi amor y no dejare de amarte.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Julia (pequeño fragmento)

Julia tenía la mente en blanco, sin pensamientos sin preocupaciones, esperando al final de una buena cola de coches a que el semáforo se pusiera en verde. Se notaba que era hora punta, la hora donde había más caos en la ciudad .La lluvia aumentaba aun más el tránsito por las calles de la ciudad, la gente sencillamente no quería mojarse, prefería horas interminables de retenciones que coger un paraguas y caminar bajo la lluvia.
Pero algo captó la atención de Julia, de un portal del otro lado de la calle salió una mujer ensangrentada, como si huyera del diablo pidiendo ayuda como podía, sin fuerzas, parecía que perdía sangre. Julia no sabía si era un efecto causado por la lluvia o que se estaba desangrando de  verdad.
Lo más duro era ver como la gente huía de ella como si fuera la peste, mientras los comerciantes cerraban con pestillo las puertas de sus tiendas y unas cuantas viejas curiosas se escondían detrás en un portal, observando igual que los buitres lo que ocurría al otro lado del cristal que las protegía.
Entonces salió un hombre del mismo portal que la mujer, iba ensangrentado pero no parecía que herido ni asustado. En su mano derecha llevaba un hacha con rastros de sangre, sangre que era reciente porque se diluía con las gotas de lluvia. Buscaba a su víctima para rematarla. La gente empezó a gritar y a huir de él pero nadie la ayudaba a ella… entonces la vio caer en el suelo.
Julia hizo una maniobra extraña y peligrosa en medio de las pitadas de los otros coches, ya que el semáforo se había puesto en verde y todos querían huir de allí. Aparcó el coche encima de la acera, salió disparada e intento cruzar la calle hasta llegar a la mujer.
Cuando consiguió llegar hasta ella tenía el pecho abierto, aquél hombre le había hundido su hacha, para después sacarla y apartarse de ella murmurando con tono ido:
-Ahora solo es mía y estaremos para siempre juntos.
Julia no le hizo caso, se quitó la chaqueta y la bufanda intentando detener la hemorragia, estaba inconsciente, eso aun preocupó más a Julia, no la quería perder. Algo caliente la salpicó, escuchó gritos de la gente a su alrededor, levantó la vista, para ver como el hombre acaba de clavarse la hacha en la cara y caía muerto en la acera, no muy lejos de ella. Julia no le dio importancia, estaba apretando con todas sus fuerzas pese a que la sangre no paraba de brotar y la lluvia no ayudaba, miro al cielo y pensó. “Basta ya”. La lluvia paró al instante.
Entonces se dio cuenta que era difícil que alguno de aquellos cobardes  que la rodeaban gritando o haciendo fotografías con sus teléfonos móviles pensase siquiera en llamar a urgencias, pero un chico joven se quitaba su chaqueta para colocarla sobre la de Julia, ayudando a apretar para contener la hemorragia.
-Soy estudiante de medicina, ya he llamado a urgencias.
Julia descansó un poco cuando vio los primeros policías, que se acercaban corriendo hacia ellos. A lo lejos se oían las sirenas acercándose. Sin embargo aun se sentía como un naúfrago en medio de un mar de personas cobardes, egoístas… que solo miraban, murmuraban entre ellos, algunos pasaban de largo cruzando la acera o simplemente desapareciendo al ver a la policía en el lugar de los hechos.